¿QUÉ SE PUEDE HACER EN CASA?
Para tratar de evitar ruidos
molestos, que de una manera u otra dificultan la comunicación entre padres
e hijos? ¿Qué podemos cambiar de nuestros hábitos para que podamos
entendernos sin interferencias?
Grabaciones sorpresa
En la medida que sea posible, sería muy interesante que quienes piensen que sus
hijos/as hablan excesivamente alto o chillan innecesariamente, grabasen
sorpresivamente fragmentos de conversaciones, para después escucharlas juntos y
tratar de que sean conscientes del ruido que hacen.
Uso restringido de los walkmans, ipods…
Cada vez es más normal ver a jóvenes todo el día enchufados a estos aparatos; en
ocasiones no se los quitan ni en clase y, tampoco, cuando sus padres y
madres se dirijen a ellos. Les podemos proponer que escuchen música en
momentos determinados y, por supuesto, se quiten los auriculares
cuando queremos hablarles.
Respeto del turno en las conversaciones
No sólo en casa, también en otros muchos espacios, parece que nos hemos
acostumbrado a hablar todos a la vez. Sería muy útil concienciarnos de esto para que
intervengan después de haber escuchado a la otra persona.
Notas y cartelitos por la casa
Si avisándoles de que no hagan esto o lo otro no se
consigue nada, sería más práctico escribir avisos recordando cosas como: no des portazos, no subas demasiado
el volumen del televisor, no pongas muy alta la música después de las once, etc.
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Todos sabemos que el ruido no sólo provoca simples molestias sino que
perjudica la salud de las personas.
No obstante, frente al ruido no vale echar la culpa a la administración de turno o al vecino. Todos y todas somos juez y parte porque si nos paramos a analizar las
fuentes que generan ruido veremos que la actividad global que nos rodea causa este tipo de contaminación. Y
lo hace en el ámbito urbano, laboral,social, educativo e, incluso, en el hogar.
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¿Quiere esto decir que para
acabar con el ruido habría que pararse? Posiblemente. Pero también se puede intentar hacer las mismas cosas
con menos decibelios.
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En las dos últimas décadas el ruido se ha multiplicado
por dos, el tráfico rodado, los trenes, los aviones, los
momentos de ocio de la gente joven, incluso las
máquinas domésticas que hemos inventado para
hacernos la vida u n poco más fácil son una
permanente fuente de contaminación acústica. Hasta tal punto que hemos perdido la
conciencia del ruido que nos rodea. Sólo caemos en la cuenta cuando salimos al campo y
percibimos extrañados los ruidos del silencio.
Hoy en día, los mapas de ruido sirven para identificar y valorar la contaminación acústica y constituyen una
herramienta básica que la Administración utiliza para diseñar sus actuaciones al respecto, como por ejemplo
reducir el ruido de coches y camiones...
Los mapas de ruido realizados en algunas ciudades españolas indican que soportan un
ruido en torno a los 62-73 decibelios (dB) durante el día, niveles que coinciden o
sobrepasan los máximos tolerables establecidos por la Organización Mundial de la
Salud en 65 dB.
En el estado español ha sido preciso acabar con
la idea de que los extraordinarios niveles de
ruido son sinónimo de una alegría de vivir innata.
Disminuir el nivel de ruido va a necesitar mucha
sensibilización ciudadana, pero mientras llega
¿por qué no nos exigimos a nosotros mismos
reducir el ruido en casa, en la calle, escuela…?